Sala 1 del Centro de Cultura Antiguo Instituto, Gijón

1. Libro rociado/ 2. Varias piezas metálicas /3. Fotograma del vídeo Kamillendampfbad de
Heike y Thomas Bayrle y Steffi Hartl/ 4. Gafas cementadas/ 5. Pelota de goma/ 6. Papel arrancado/ 7. Cristal

Impresión sobre tela 140 x 200 cm

Vídeos HD Pelota y olas 14´39´´/ Noria 13´ 53´´/ Intermitente 4´ 33´´

Un coche parado en medio de la noche con los intermitentes puestos abre la exposición, dando a entender que aquí no se circula a la velocidad habitual porque no todo está alumbrado con la misma intensidad y la oscuridad demanda una especie de calmada inmovilidad.


La mujer en la orilla inclinada hacia el agua representa ese impulso de querer ver nítidamente lo que tenemos delante, sin embargo las olas desdibujan el fondo y tenemos que entornar los ojos, diluir la vista, dialogar con la realidad en otra capa diferente.

Al fondo de la sala vemos un horizonte de árboles agitados por una suave brisa y la estructura
metálica de una gran noria que emerge entre ellos, armándose tramo a tramo. La noria,
impresionada en nuestra memoria dinámica, girando, completa, se presenta aquí como un
armazón discontinuo, componiéndose con el sonido metálico que brevemente inunda el
espacio.


A su lado una pequeña pelota vieja girando entre los dedos. Dentro hay una imagen que apenas llega a distinguirse. Se perciben con intensidad las texturas de ambos elementos, las líneas de la piel y las grietas de la pelota que nos hablan de una cierta temporalidad. Le sucede una grabación nocturna de una masa de agua iluminada por los destellos de unos fuegos artificiales.


Tanto la noria como la pelota son elementos que giran, contienen en sí mismos una rotación. La imagen del movimiento rotatorio del ojo me acompaña en el desarrollo de este proyecto. Un párpado descendente que lo cubre, humectándolo, cuidándolo de una especie de fatiga que no se localiza solo en la superficie ocular sino mucho más adentro.

Pienso el parpadeo como un micro intervalo donde dejamos deshacerse al ojo. Estas piezas nos hablan desde ese lugar, desde esas fracciones de segundo que dura un parpadeo, una pausa minúscula necesaria para empujar las imágenes hacia el fondo del ojo, condensarlas poco a poco y ver qué poso han dejado en nosotras.

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MARIANA HEREDIA